Día 8
Una fe que nos lleva a la acción • Emory Cothen

El rey Joás dijo a los sacerdotes: “Recojan todo el dinero que se traiga como ofrenda sagrada al templo del Señor, ya sea el pago de una cuota, el de los votos o una ofrenda voluntaria. Los sacerdotes tomarán de este dinero para pagar cualquier reparación que haya que hacer en el templo.” - 2 Reyes 12:4–5
La sabiduría es un regalo de Dios que muchas veces recibimos a través de personas mayores y piadosas. El libro de 2 Reyes narra las historias de los líderes de Israel y Judá, y cómo estos obedecieron a Dios o se apartaron de Él. La fidelidad —o la falta de ella— de los reyes condujo al pueblo de Dios a tiempos de provisión o a tiempos de corrección. El pueblo fue bendecido cuando los reyes hicieron lo recto delante de Dios, y sufrió cuando los reyes vivieron conforme al mundo y a sus propios deseos. Así, 2 Reyes no es solo un registro histórico, sino un relato espiritual que nos muestra cómo el pueblo de Dios es moldeado por la devoción espiritual de su liderazgo.
Joás fue uno de los reyes más jóvenes de la historia registrada. Con tan solo siete años comenzó a gobernar al pueblo de Judá. A pesar de su juventud e inexperiencia, hizo lo que era recto delante del Señor. En gran parte, esto se debió a la guía y mentoría del sacerdote Joyadá. Aunque la sabiduría no siempre viene con la edad, muchas veces llega a través de quienes han caminado más tiempo con Dios. El joven rey fue sabio al escuchar consejo.
El deseo de Joás de honrar al Señor lo llevó a acciones concretas. Su fe se tradujo en obediencia. Decidió reparar el templo, aun cuando sabía que sería un proyecto costoso. Su intención no era hacer de la casa del Señor un lugar lujoso o extravagante, sino restaurarla para que fuera un espacio funcional de adoración, digno del Señor por muchos años. Esta decisión reveló su corazón: un corazón comprometido con una mayordomía fiel, no con su propia promoción ni con dejar un legado personal. Joás no buscaba extravagancia, sino restaurar un lugar donde el pueblo de Dios pudiera adorar correctamente.
Joás entendió que los recursos que Dios nos confía no son para nuestra comodidad ni para exhibición, sino para honrar al Dador de todo. La mayordomía fiel no se mide por cuánto poseemos, sino por cuán dispuestos estamos a ofrecer lo que tenemos al Señor. Cuando administramos sabiamente los recursos de Dios y damos con generosidad, participamos en Su obra de restauración, creando oportunidades para que otros lo encuentren por generaciones. Que nuestra mayordomía esté marcada por gozo, sabiduría y generosidad, y que sea una bendición que trascienda nuestras vidas.
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Día 27
Cosas Nuevas • Carrie Patterson
