Día 14
¿Es Jesús el Prometido? • Shauna Wallace

Los discípulos de Juan le informaron de todas estas cosas. Entonces Juan, llamando a dos de sus discípulos, los envió al Señor para preguntarle: “¿Eres Tú el que había de venir, o esperaremos a otro?” Cuando los hombres llegaron a Jesús, dijeron: “Juan el Bautista nos ha enviado a preguntarte: ‘¿Eres Tú el que había de venir, o esperaremos a otro?’” En esa misma hora Jesús sanó a muchos de enfermedades, aflicciones y espíritus malignos, y dio la vista a muchos ciegos. Luego les respondió: “Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia. Bienaventurado el que no halle tropiezo en mí.” - Lucas 7:18–23
¿Qué hacemos cuando sentimos que Jesús no responde como esperábamos, o cuando no vemos la respuesta a una oración? ¿Dudamos de quién es Él? ¿Buscamos otra opción? ¿Nos ofendemos?
Juan el Bautista sabía que Jesús era “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Fue testigo de cómo el Espíritu descendió del cielo como paloma y permaneció sobre Él, tal como Dios lo había dicho (Juan 1:32–34). Entonces, ¿por qué uno o dos años después, Juan envió a sus discípulos a preguntar: “¿Eres Tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”?
En respuesta, Jesús hizo exactamente lo que el profeta Isaías había anunciado unos setecientos años antes (Isaías 35:5–6; 61:1), y luego instruyó a los discípulos de Juan a informar que los ciegos veían, los cojos caminaban, los leprosos eran limpiados, los sordos oían, los muertos resucitaban y a los pobres se les anunciaba la buena noticia (Lucas 7:22). Esto es solo un ejemplo de cómo Dios anunció el futuro para que, al cumplirse Su palabra, se afirmara la fe.
La pregunta de Juan surgió no tanto por lo que Jesús hizo, sino por lo que no hizo. Si Jesús no iba a ejecutar la venganza prometida ni a establecer un reino terrenal como muchos esperaban, ¿era realmente Él el Mesías?
¿Puedes ver una preocupación similar en nuestros días, incluso en nosotros mismos? Celebramos lo que Jesús hace, pero cuando no actúa como pensamos que debería, ¿nos sentimos tentados a dudar o incluso a ofendernos?
Los caminos de Dios no son nuestros caminos, y Sus pensamientos no son nuestros pensamientos. Su tiempo abarca la eternidad. Él cumple lo que promete, aunque muchas veces lo hace de maneras diferentes a las que imaginamos, deseamos o esperamos.
La fe no es necesaria para lo que podemos ver y entender; la fe es necesaria para aquello que no podemos ver ni comprender. Todos enfrentaremos momentos de decepción o tentación de tropezar, pero Jesús declara: “Dichoso el que no tropieza por causa mía” (Lucas 7:23).
Con la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1), oro para que tú y yo demos pasos de fe y confiemos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2).
¡No hay otro!
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Día 27
Cosas Nuevas • Carrie Patterson
