Día 11
El Dios que desea bendecirte • Carrie Patterson

“Ustedes —la nación entera—, están bajo gran maldición, pues es a mí a quien están robando. Traigan íntegro el diezmo al alfolí; así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor de los Ejércitos—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde.” - Malaquías 3:9–10
Malaquías fue un mensajero de Dios enviado con una palabra específica para el pueblo de Israel, aproximadamente cien años después de su regreso del cautiverio en Babilonia. El templo había sido reconstruido y la vida parecía haber vuelto a la normalidad. Sin embargo, los israelitas de ese tiempo eran muy parecidos a sus antepasados: su corazón estaba lejos de Dios. A través de Malaquías, Dios presenta una queja contra Su pueblo. Les dice claramente que lo estaban robando.
Imagina por un momento que eres padre o madre de un hijo en edad escolar. Eres un cuidador dedicado que provee con amor todo lo necesario para la vida, y más. Tu hijo no carece de nada y disfruta de los beneficios de tu provisión. Ahora imagina que ese hijo comienza a tomar dinero de tu billetera. Cada día saca algunos billetes y se convence a sí mismo de que los merece. No solo te está robando, sino que también está dejando de expresar gratitud por todo lo que recibe de ti.
Esta es una ilustración imperfecta de lo que Dios dice que los israelitas estaban haciendo con Él. Lo robaban al obedecer Sus mandamientos a medias (ofreciendo animales defectuosos como sacrificio) o al no obedecerlos en absoluto (reteniendo los diezmos que debían llevar al templo). Para empeorar la situación, ni siquiera se daban cuenta de lo desobedientes que estaban siendo.
Siempre ha sido parte del carácter de Dios desear que Su pueblo florezca. Él llama a los israelitas a volver a Él tanto de corazón como en acciones, y les promete prosperidad como respuesta a su obediencia. Parte de ese regreso implicaba continuar cuidando el templo y proveyendo para los sacerdotes.
Dios quería que el pueblo entendiera que lo exterior muchas veces refleja lo que sucede en el interior. Su descuido del templo era un reflejo de su descuido hacia Dios. A nosotros también nos puede suceder que, sin darnos cuenta, comencemos a descuidar nuestra relación con Él. Tómate un tiempo para reflexionar sobre el pueblo de Israel y su actitud. Pídele a Dios que te muestre si alguna de esas mismas actitudes está presente en tu corazón, y permite que Él te transforme tanto en lo que sientes como en la manera en que vives.
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Día 27
Cosas Nuevas • Carrie Patterson
